¡Fin de semana en familia... pero con un toque especial!
Como auténtica fan de la familia, para mí Pentecostés siempre ha significado: #findesesemanaenfamilia #acampar #muchaanimación #ponersealdía #vermut #acostartardeonada #sopadeguisantes #elestofadodelaabuela #bbq y sobre todo mucho de todo esto.
Mis padres empezaron con esto hace 40 años y lo convirtieron en todo un evento, un auténtico festival familiar. El grupo ha crecido hasta casi 40 personas entre hijos, nietos, bisnietos y parejas.
Nadie como ellos sabía mantener unido a "todo el clan". Si pertenecías a las parejas y te presentaban tímidamente a esos dos, en cuanto acababa el momento de las presentaciones el primer tema de conversación era siempre: el fin de semana de Pentecostés. "Ehhh", decía el abuelo como una especie de "padre de familia"... "no sé si ya te lo han contado, pero apunta ya el fin de semana de Pentecostés en tu agenda". Por conveniencia, nadie mencionaba que como recién llegado a la familia no tenías elección al respecto — en realidad, simplemente no la tenías.
Tanto si estabas acostumbrado a ir a un festival de música, a un encuentro religioso o a cualquier otro evento, nosotros teníamos nuestro propio festival: el fin de semana familiar. Y perderse era una opción totalmente descartada.
Si alguno de los nietos en su época de estudiante no tenía dinero, ganas o tiempo para venir, se le pagaba el viaje y el alojamiento, así que de nuevo no había realmente elección. Y es que tampoco se te ocurría no ir.
La familia por encima de todo: así mantuvieron unidos al clan esos dos viejitos durante todos esos años.
La abuela llevaba las riendas durante el fin de semana, desde lo que se comía hasta a qué hora y en qué cantidad. Claro que nunca lo conseguía del todo, pero todo el mundo la dejaba hacer a su manera y seguía dócilmente la corriente. La carne del BBQ que sobraba del sábado se guardaba debajo de la caravana de los abuelos por tradición, "así mañana tenemos algo rico". Y también por tradición, los jóvenes la sacaban de allí durante la noche para disfrutarla junto a la hoguera.
Por desgracia, nuestros dos viejitos fallecieron en los últimos años uno tras otro, y celebrar el Pentecostés sin ellos el año pasado fue buscar un nuevo comienzo para nuestro fin de semana familiar. Y este año también, celebrar Pentecostés sin la familia no está en nuestros genes, por así decirlo. El grupo de WhatsApp familiar estuvo muy activo el fin de semana pasado: cada uno en su casa con la bbq, las mismas tradiciones, pero a distancia. Nos hemos echado de menos, las tradiciones arraigadas, el estar juntos y, por supuesto, a esos dos.
Qué especial es vivir esto — la familia — y qué agradecida estoy de que los abuelos nos lo hayan transmitido, escribiendo tanta historia juntos durante estos (casi) 40 años.
Con la cabeza bien alta y sintiéndome orgullosa de mi familia, a por el año que viene, cuando volvamos a retomar las tradiciones familiares de qué se come, a qué hora y en qué cantidad.
¡Ya tengo ganas!