Varias familias
Cuando tenía seis años mis padres se divorciaron, hace ya unos 50 años, y en aquella época eso era algo que prácticamente no ocurría. Mi hermana y yo éramos los únicos niños del colegio con padres divorciados. Y como pueden ser los niños, nos lo echaban en cara con bastante frecuencia, así era y así sigue siendo por desgracia. Ambos padres volvieron a casarse, de modo que pasamos a tener dos parejas de padres. A veces resultaba algo confuso, porque no teníamos ningún referente sobre lo que era normal, pero al mismo tiempo estaba bien así.
El Día de la Madre y el Día del Padre, estas tradiciones se mantuvieron y se celebraron a lo grande en casa de ambos padres.
Cuando yo misma me casé y tuvimos hijos, esta tradición se amplió considerablemente. Con tres parejas de padres y nuestra propia familia, celebrar el Día de la Madre y el Día del Padre era todo un reto. A menudo lo llamábamos entre risas "el reto de la semana", y no faltaban algún que otro suspiro. Pero jóvenes y flexibles como éramos entonces —qué maravilla—, ese día nos lanzábamos en el coche cargado de niños, dibujos hechos a mano, flores, puros y las correspondientes botellas de la bodega, de un lado para otro.
Teníamos una auténtica planificación: sabíamos exactamente dónde y a qué hora era mejor aparecer en cada casa. En casa de unos padres te esperaban unos buñuelos de manzana caseros deliciosos. Con eso empezábamos por la mañana. Luego a casa de los siguientes, que tenían preparada una sopa casera de pollo o de verduras con baguette, y al final de la tarde los últimos tenían la plancha encendida con pequeños aperitivos.
Ajetreado, pero disfrutado
Así pasábamos esos días completamente entretenidos y no nos faltaba de nada. Lo que tenía de agradable era que de paso volvíamos a ver a todos los hermanos y hermanas con sus hijos. Después de mucho ruido, buen ambiente y una buena charla, al final del día poníamos rumbo a casa. Por supuesto, también teníamos nuestra propia celebración; durante el día era lógico que quedara completamente apartada, pero nos asegurábamos de celebrarla bien por la mañana temprano en la cama, con huevos fritos, bacon y, cómo no, champiñones, preparados por los propios niños. El desayuno tradicional lo seguimos haciendo, aunque ahora nosotros somos ya los padres que están prácticamente con el nido vacío y recibimos a los hijos con un montón de cosas ricas, porque en eso nos dieron un buen ejemplo cuando éramos pequeños.
Con los años te das cuenta de que todos estos momentos del Día de la Madre y del Padre no son algo que todo el mundo dé por sentado; hay mucha gente que no los celebra. Porque es demasiado doloroso, o porque no hay motivo para ello, o… A todas esas personas les deseo lo mejor de corazón.
Hoy en día
¿Cómo nos va ahora? Las tres parejas de padres ya no están por desgracia; aún tenemos suerte de tener a nuestra mamá, a quien podemos ir a ver en estos días, y eso lo valoramos mucho. Para la siguiente generación la historia se repite. Para unos es de nuevo el reto de la semana, y para otros un momento de charla y buen ambiente, aunque a veces también una carrera contra el reloj.
Para nosotros es como con nuestras tres parejas de padres antes: disfrutar. Mucha comida rica en la mesa y lo que venga, sin obligación, pero con muchísimo disfrute.