Ciclismo en Texel
El extranjero nos tentaba, pero al mismo tiempo este año se sentía demasiado incierto como para dar el paso. Así que una vuelta por nuestro bonito país fue la apuesta de este año. Con la guinda del pastel, no planeada eso sí: una excursión de dos días en bici incluyendo el viaje en ferry a Texel. Un pequeño reto que surgió de forma espontánea. En el pasado hemos pasado muchas vacaciones en Texel, eso sí, con toda la familia. Así que revivir esos recuerdos nos pareció una idea genial.
No nos gusta atarnos de antemano reservando un camping. A veces sale bien, pero lógicamente no siempre. Este año, por suerte, salió bien, aunque el tercer emplazamiento en Holanda del Norte estaba bastante lejos de la costa y también de Texel. El día de ciclismo en Texel que teníamos planeado originalmente no era viable. Ya estábamos a 35 km de Den Helder con la caravana, y encima un día entero pedaleando por la isla y otros 35 km de vuelta. No nos pareció un plan muy sólido, así que nada de Texel. Por naturaleza eso me puede fastidiar bastante, pero por suerte tengo el carácter de pensar y actuar desde las soluciones. Así surgió rápidamente la idea de empacar las alforjas y convertirlo en una escapada de dos días. En nuestros e-bikes, armados con un calzoncillo de repuesto, cepillo de dientes, ropa seca y cargadores de batería, nos lanzamos a la aventura como auténticos pros.
De glampers con caravana de lujo, pasamos de repente a formar parte de otro grupo de vacacionistas: los auténticos die-hards que desafían el tiempo en sus monturas de acero para llegar a su próximo destino. Nuestra costumbre de no reservar alojamiento de antemano la dejamos de lado y enseguida teníamos una B&B reservada. También ese tipo de alojamiento fue una experiencia nueva para nosotros. La mañana de la partida decidimos desmontar el toldo. Una semana antes se había derrumbado por un aguacero intenso (pérdida total) y no íbamos a dejar que volviera a pasar. Salimos alrededor de las 11.00 h y, perseguidos por tormentas eléctricas y fuertes lluvias, a las 14.30 h subíamos al ferry en Den Helder. Por suerte no notamos ni una gota de lluvia, y qué agradable fue estirar las piernas durante la travesía. La sensación definitiva en ese barco. ¡Como si estuvieras haciendo un viaje alrededor del mundo, una gozada!
Tras poco más de media hora subíamos en bici por el dique en dirección a Oudeschild. Bordeando el wadden, zigzagueando entre las ovejitas de Texel… se sentía como volver a casa. Qué bonito es aquello y la sensación de libertad absoluta nos invadió. Tras hacer el check-in en nuestra encantadora B&B de Oudeschild, volvimos a coger las bicis y recorrimos la isla. De forma muy tranquila pedaleamos siguiendo una app con puntos de conexión ciclista con los que se trazaba la ruta. Sencillo, pero muy práctico, y pasas por los rincones más bonitos a los que de otra manera no prestarías atención.
Al día siguiente
A la mañana siguiente, tras un desayuno estupendo, volvimos a cargar las alforjas y a sacar nuestros e-bikes del "establo". Habían cargado bien durante la noche y estaban perfectamente preparados para el viaje de vuelta. Con viento de fuerza 5 aprovechamos agradecidos toda su potencia. Tras dar unas vueltas más, una breve parada de compras y terraza en Den Burg, de nuevo en marcha hacia Den Helder. El tramo en bici junto al mar desde Den Helder hacia Callantsoog, unos 10 kilómetros, fue bastante exigente incluso para nosotros con los e-bikes con ese viento, pero una maravilla.
En definitiva, una experiencia muy chula que sin duda repetiremos en este formato. Por lo visto hay incluso vacaciones enteras organizadas así, menudo descubrimiento. Ha nacido un nuevo reto y, como ya comenté antes, con él también nuevas oportunidades. ¡Esto me encanta!